“La políticas de seguridad contribuyen a legitimar la criminología mediática”

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Marcelo Saín, legislador por la provincia de Buenos Aires y autoridad destacada en materia de seguridad, nos brindó extensamente su visión sobre la cuestión policial. También se refirió a distintas problemáticas de seguridad pública y a los abordajes que de ellas se hacen desde los medios, la sociedad y las dirigencias políticas. “La sociedad argentina tiene una visión extremadamente estatalista y policialista de la seguridad pública”, afirmó el diputado por Nuevo Encuentro.

Por Ana Quiroga Larrieu* / Fotos: Marcela Casarino**

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Desde la academia, la producción teórica, la docencia, la arena política y también desde cargos públicos, Marcelo Fabián Saín dedica ingentes esfuerzos a proponer estrategias de abordaje y llevar adelante soluciones a problemáticas de la seguridad. Con un extenso currículum en ciencias políticas y sociales, autor de numerosas publicaciones (una de las más emblemáticas, “El Leviatán azul. Policía y política en la Argentina”), Marcelo Saín es experto en temáticas de seguridad pública y nacional, instituciones policiales, defensa nacional y relaciones cívico-militares.

En 2005 creó y puso en funcionamiento, como interventor, la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA), la primera policía federal creada en democracia y con conducción civil. Desde 2011 es diputado por Nuevo Encuentro. Referente de consulta obligada, conversó con nosotros sobre algunos de los temas en los que se especializa.

 

La letra partida: En muchas ocasiones te has referido a las condiciones de precariedad en que trabajan los policías. ¿Podrías caracterizar más en detalle esas condiciones?

Marcelo Saín: Nos cuesta pensar que un estado democrático garantice seguridad democrática con policías que forman parte de una burocracia extremadamente precarizada, con condiciones de trabajo absolutamente indigentes. Cuando hablamos de seguridad democrática nos referimos a una seguridad asentada en la protección de derechos y libertades de las personas y particularmente, como toda democracia, debe ser subsidiaria de los sectores más desprotegidos, más vulnerabilizados. En el caso de los policías, son condiciones de trabajo pre-peronistas.  Son agentes, personas, que laboran diariamente y durante décadas pertenecen a una institución que los maltrata, los explota como trabajadores; que tiene la virtud y la eficacia de no hacerlos sentir trabajadores y, por ende, de que nunca tomen conciencia de que son trabajadores y de que tienen derechos como cualquier otro trabajador. Entonces, es difícil pensar una institucionalidad democrática en materia de seguridad pública. Nadie que no conoce lo que son sus derechos y libertades en el mundo laboral y que además ejerza la defensa de esos derechos y libertades, puede defender los derechos de otras personas.

Sobre las condiciones de trabajo, haciendo una consideración bien general, destacaría cuatro o cinco características. Una es que los salarios no son adecuados al tipo de trabajo que los policías desempeñan y la mayoría están obligados al doble empleo para tener ingresos de manera formal y de manera informal. Ingresos que lo colocan en un nivel de trabajador bastante precarizado desde el punto de vista salarial. Esto tiene un impacto muy fuerte sobre el desarrollo del trabajo y de la actividad policial, porque el doble empleo no sólo impide una concentración mayor en el desempeño de una tarea, sino que coarta la temporalidad a través de la cual un profesional podría mejorar su desempeño, distraerse, descansar y estar integrado a su familia o a la vida social.

Segundo aspecto, las condiciones materiales de trabajo tienen un grado de deterioro profundo, en cuanto a instrumentos y medios de trabajo, muchos de los cuales tienen que ser provistos por los mismos policías, fundamentalmente aquellos que son de protección personal frente a situaciones de riesgo, sistema de comunicación, de movilidad, medios de trabajo personales, indumentaria, etcétera.

El tercer aspecto de lo que sería la indigencia laboral está dado por la ausencia de cualquier tipo de modalidad educativa, formación, capacitación, que los dote de lo que los tiene que dotar para afrontar la tarea diaria. Hay un desfasaje enorme entre la capacitación y la formación básica de los policías con relación al desempeño de su tarea cotidiana, que ellos aprenden a desarrollarlas a través de un saber práctico que se adquiere exclusivamente en el ámbito de la propia práctica institucional. Y ahí aprenden todo, lo bueno y lo malo. Cuando una institución policial está atravesada por prácticas abusivas en el uso de la fuerza o por prácticas corruptivas, también hay una socialización muy fuerte sin mediación de este tipo de prácticas. Por eso observamos que son prácticas que se reiteran en todo tipo de policía, en todo momento y en todo lugar con policías cada vez más jóvenes. La sociología tiene una enorme destreza para explicar por qué un pibe no nace chorro y termina chorro. Pero no tiene capacidad para explicar por qué un policía ingresa honesto a la institución y a los tres años termina chorro.

De todas maneras debo decirte que la capacitación militarizada, los sistemas de formación hiperjerarquizados, asentados en el dominio del cuerpo y del alma de las personas son profundamente eficaces. Las policías y los circuitos educativos policiales forman lo que quieren formar. Son mucho más eficaces en el logro de lo que desean formar que las universidades. El profesional universitario, más allá de las diferencias, es un profesional bastante más distante de lo que se impone la universidad al ser capacitado, que el policía que sale de una academia. Es mucho más adecuado el policía que sale de una academia policial a lo que pretenden sus hacedores, que un médico que sale de la facultad de medicina, o que un ingeniero de la facultad de ingeniería. Esos policías están capacitados para obedecer órdenes, para no pensar y para entender que la razón siempre la tiene el superior y entran en un dispositivo que sólo se sostiene bajo esta condición. Por eso es uno de los sistemas educativos más eficaces que hay en la Argentina. Esto tampoco está estudiado por las ciencias de la educación.

Una cuarta condición, donde nucleo muchas otras cosas, el trabajo cotidiano policial no está regulado por normas de procedimiento y por protocolos de actuación, como ocurre en una fábrica donde está muy pautado lo que tiene que hacer cada uno de los obreros en una línea de producción. En el ámbito de las policías los protocolos de actuación son producidos y reproducidos en la propia práctica. Todo queda librado a la arbitrariedad de un jefe o al buen saber y entender de un policía, o de situaciones ad hoc donde tienen que resolver temas sin ninguna posibilidad de consulta, de revisión, en situaciones de extremado estrés y con un nivel de constreñimiento muy importante.

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